Historia

La importancia del fenómeno de las peregrinaciones en la historia

La peregrinación a un lugar santo se realiza bien con fines piadosos y devotos, bien de penitencia por los pecados cometidos, o para el cumplimiento de una pena o un castigo judicial. El libro de las "Partidas" del rey Alfonso X el Sabio, escrito en el siglo XIII, nos informa que "romeros y peregrinos se facen los homes para servir a Dios et honrar a los santos".

La peregrinación a Compostela se distingue de las otras dos grandes peregrinaciones de la cristiandad:

  • a Roma, sede del papado, a los pies de los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo, acudían los romeros, y también, por motivos políticos o eclesiásticos, prelados, príncipes, monarcas y emperadores.
  • a Jerusalén y a Tierra Santa iban los palmeros, peregrinos ya desde los orígenes del cristianismo, fascinados por el recuerdo de la vida y de la muerte de Cristo. Recordemos la importancia que en esta época de peregrinaciones multitudinarias tienen las cruzadas para mantener los santos lugares en manos cristianas, frente al dominio musulmán.

La peregrinación a Santiago tiene su origen, como ya hemos visto, en la Edad Media, y se basa en la posesión de una reliquia. Es el cuerpo del apóstol Santiago, el Mayor, el que se venera.

El incipiente Camino hacia el sepulcro del apóstol verá pasar cada vez más peregrinos. La peregrinación a Santiago se convertirá en un fenómeno de masas, a través de los diversos países, en los siglos centrales de la Edad Media.

cartel umberto

A lo largo de la Edad Media, los peregrinos a diversos santuarios eran muchos; sin embargo, como nos indica Dante en su obra "Vita Nuova", peregrino se puede interpretar de dos maneras, en sentido amplio y en sentido estricto. En sentido amplio, en la medida en que peregrino es todo el que se encuentra fuera de su patria; en sentido estricto, sólo se considera peregrino a quien se dirige a la casa de Santiago o vuelve de ella.

En su constante discurrir por los caminos, los peregrinos, movidos por unos emotivos ideales espirituales comunes, cruzaban las fronteras artificiales de los hombres y afrontaban las dificultades de las barreras naturales, constituyendo una única nación, la de los creyentes.

En torno al Camino floreció la literatura. Por él penetró la nueva corriente litúrgica dominante, la romana, que se impuso, con la ayuda de los monjes de Cluny, sobre la liturgia hispano romana o mozárabe, para someterse a la autoridad del papado; para la nueva liturgia debieron de ser adaptados hasta los propios templos, muchos de los cuales fueron reconstruidos o transformados.

El Camino de Santiago significó un revulsivo importante para algunas poblaciones. Era una vía que conectaba los núcleos urbanos más importantes, un eje vertebrador del norte peninsular en sentido este-oeste que en su día puso en comunicación a las capitales de los reinos cristianos del norte: Jaca -capital del antiguo reino de Aragón-, Pamplona -capital del antiguo reino de Navarra-, Estella -en otros tiempos capital del reino de Navarra-, Nájera -capital del efímero reino najerense-, Burgos -la "Caput Castellae", cabeza del reino de Castilla-, y León -capital del antiguo reino de León-.

El Camino facilitó el movimiento de hombres y su interrelación, para lo cual se debieron mejorar las infraestructuras: recordemos las figuras de los santos burgaleses Domingo García (de la Calzada), Juan de Quintanaortuño (de Ortega) o Lesmes que tanto hicieron por ello, mejorando las calzadas, construyendo puentes y hospederías que facilitaban esa peregrinación.

El Camino estrechó lazos entre los pueblos del viejo continente, como un anticipo de la futura integración europea. El gran personaje que fomentará esa europeización medieval será el obispo Diego Gelmírez, primer arzobispo compostelano, que redactará la Historia Compostelana y apoyará la realización del Liber Sancti Iacobi o Códex Calixtinus.

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